Emily Dickinson afirmaba que “Shakespeare es nuestro futuro”. Si es así, asistimos entonces a un estremecedor escenario de dolor, infamia y destrucción en el que resuenan los versos de esta obra universal: “es calamidad de estos tiempos que los locos guíen a los ciegos”.

Carmen Gallardo, en una actuación excepcional, llena de entereza y sensibilidad, toma el relevo de Nuria Espert y Glenda Jackson a la hora de interpretar al viejo rey de Bretaña que decide dividir el reino entre sus hijas, desencadenando con ello la ambición desmedida y el caos.

Un personaje lleno de matices que pasa del despotismo y la locura a la dignidad y la ternura en un recorrido extremo como no hemos visto otro en la historia del teatro. Un viaje en el que, más allá de los conflictos familiares, asistimos a una búsqueda de la condición humana desnuda, despojando al individuo de todo lo superfluo.

Si Hamlet representa la duda, Otelo los celos y Electra la venganza, aquí nos encontramos ante la ceguera de los personajes principales, literal en algún caso. Lear habla de lo ciego que ha sido él y que son los poderosos, porque así lo quieren, ante la terrible realidad que aqueja a muchos de sus semejantes.

Rey Lear es una producción de Atalaya.

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