Entre tantos artistas rusos capaces de expresar todas las emociones posibles, de llorar y de reír, de cantar con la alegría más vital y de guiarnos a través de épicos caminos de viaje, Mussorgsky y Tchaikovski nos transmiten con sinceridad la inspiración y la belleza de los cantos tradicionales rusos.

Mussorgsky, enérgico y de viva imaginación, transmite un universo fantasmagórico en ‘Una noche en el Monte Pelado’, con la explosiva orquestación que hizo con ella Rimski-Korsakov. Tchaikovski, que utilizó el lenguaje sinfónico centroeuropeo y lo adaptó como nadie a la profundidad del alma rusa, se muestra galante en su Serena y dramático en la intensa y pasional versión del Romeo y Julieta Shakesperiano.

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