En los últimos años, Robert Treviño está siendo reconocido en todo el mundo como un destacado director de la música de Mahler, con cuyas sinfonías ha debutado al frente de orquestas como la London Symphony o la Tonhalle Orchester de Zúrich. Para esta ocasión, Treviño ha escogido una de las creaciones más complejas del compositor bohemio, la Sinfonía nº9, que Alban Berg saludó como “la cosa más maravillosa que Mahler escribió jamás”. Finalizada dos años antes de su fallecimiento, se trata de su última gran obra junto a La canción de la Tierra y la inconclusa Décima sinfonía, y, al igual que en ellas, se respira la consciencia de la muerte tras un fascinante entramado sonoro que evidencia la maestría orquestal sin parangón que alcanzó Mahler al final de su vida.