A lo largo de los siglos XVI y XVII, y bastante antes de la aparición del violín, la viola da gamba era el instrumento de arco más utilizado para la improvisación sobre un bajo obstinado.

Según los diferentes tratados y las referencias históricas (Diego Ortiz, Aurelio Virgiliano, Christopher Simpson, André Maugars, etc.), todo buen músico debía ser capaz de realizar e improvisar variaciones sobre una canción, un tema o un bajo continuo en ocasión de un concierto o de una sesión musical (ver Maugars, 1638).

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