Antígona representa todo aquello que los demás somos incapaces de afrontar: la defensa de la propia verdad, cueste lo que cueste, y aunque esa determinación nos cueste la muerte.

¿Qué es lo que tan poderosamente nos atrae de ella? Su universalidad, el papel central de la mujer y el con icto eterno entre el derecho natural humano y las leyes del Estado. Por otro lado, nos reta también sobre el misterio de la muerte, acercándonos a ella de una manera natural, casi fatídica.

Esta nueva versión, atemporal, simbólica y el a las pulsiones vitales de las tragedias griegas, bebe, entre otros, de grandes maestros de la fusión del teatro y la performance, como Jean Fabre.

En Antígona, el cuerpo es discurso. El carácter performativo y físico de muchas de las escenas abre la puerta a la transgresión de la visión clásica de la obra. Sin embargo, es también una apuesta por el respeto a la esencia de su mensaje y por un compromiso ético con la defensa de los derechos humanos en nuestro propio país.

De esta forma, los valores del mito se reconcilian con una realidad que se repite siempre a lo largo de la historia, la crueldad de la guerra y la ausencia de justicia para los perdedores.

Antígona es una producción de Compañía Ferroviaria.

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