«Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces».

A lo largo de nuestra vida generamos, muchas veces sin ser conscientes, múltiples anclas, aquella canción que nos recuerda al primer amor, el sabor de la comida que nos hacia nuestra abuela.

El anclaje consiste en asociar un estímulo, que puede ser visual, olfativo o cinestésico, a un estado emocional.