Esta obra es un viaje, un descenso. Asistimos al recorrido de una mujer, guiada por su baile, que es intuición y materia, a través de luces y sombras, y con ella nos precipitamos en el silencio, la música y el ruido en territorios desconocidos. Ante nosotros: lo palpable y lo que existiendo se oculta normalmente ante nuestros ojos se materializan en el cuerpo de Rocío. Baila y establece una relación diferente con la tierra y tienes la sensación de que su baile nace entre sus ovarios y esa tierra que patea, y así su baile se convierte en la celebración de ser mujer.
Este descenso o caída es el viaje sin retorno de una mujer pero Rocío no conduce ante la imagen invertida de El ángel caído, como le ocurrió a Dante en su Comedia, sino que lleva al público a un espacio de profunda libertad. En definitiva, esta obra es el viaje o descenso o tránsito de una mujer desde un cuerpo en equilibrio a un cuerpo que celebra ser mujer, inmerso en el sentido trágico de la fiesta.